Saltar al contenido
Protejamos Nuestra Ría
← Volver a Actualidad

¿Aguas limpias, almejas sucias?

La ría aparece en los medios más de un centenar de veces, pero apenas se habla de los mariscadores ni de la prohibición de capturar almejas por contaminación. Ignacio Alonso analiza cómo la inundación de los porreos incide en los niveles de E. coli del estuario.

Artículo de opinión de Ignacio Alonso L. Iñarra · Protejamos Nuestra Ría · Mayo de 2024

La incidencia de las inundaciones de los porreos en la contaminación del estuario maliayés.

Durante los últimos ocho meses la ría de Villaviciosa ha aparecido en prensa, radio y TV más de un centenar de veces y, en contraste con épocas anteriores, casi ninguna hablando de los mariscadores y la prohibición de captura por contaminación de almejas y muergos. Parece que para la Administración este asunto ya está amortizado, porque las predicciones y promesas de su pronta recuperación, tan frecuentes en años anteriores, ya no se producen.

En diciembre de 2023, los habitantes de Villaviciosa enviaron más de dos mil firmas junto con una petición a las autoridades regionales y nacionales, solicitando la puesta en marcha de un plan de recuperación de los porreos e implantar los medios que posibiliten conocer la causa de contaminación de las aguas de la ría. No se ha recibido respuesta de la Delegación del Gobierno ni de la Demarcación de Costas, responsables de gestionar los porreos al ser de dominio público. Sin embargo, en enero, la Consejería de Transición Ecológica respondió amablemente enviando un paquete de información sobre análisis de aguas y registros de alivios realizados en los últimos años y detalles de las mejoras realizadas y previstas en la red de saneamiento.

Los últimos estudios publicados indican que la dispersión de la cuña salina es actualmente mayor debido a la ruptura de los porreos; como consecuencia, el agua salada, que actúa como elemento de desinfección, no llega a las mismas zonas que en el pasado, registrándose por tanto una mayor contaminación bacteriológica. Justificar la presencia de contaminación por la falta de desinfección del agua salada es ignorar que la eficacia del agua salada no es la panacea para desinfectar bacterias fecales y que es preferible evitar un vertido que desinfectarlo.

Algunas bacterias de origen fecal tienen una alta persistencia en agua salada, como demuestra el hecho de que las almejas conviven con grandes concentraciones de bacterias en el agua salada de la ría. Las almejas actúan como esponjas que absorben la contaminación del agua rápidamente, pero la eliminan muy lentamente; incluso una pequeña cantidad de bacterias puede acumularse en ellas hasta alcanzar niveles diez veces mayores. Esto explica por qué a menudo encontramos altas cantidades de E. coli en los moluscos de nuestra ría.

Los recientes análisis de las almejas, realizados durante el primer cuatrimestre de 2024, han mostrado niveles preocupantes de E. coli, con una media de 6.540 unidades formadoras de colonias (ufc) por muestra. Esto supera ampliamente el límite de seguridad de 260 ufc para el consumo humano directo y también el máximo de 4.600 ufc que permitiría su consumo tras una limpieza en un centro de depuración.

La inundación accidental de los porreos de Villaverde y Sebrayo producida este febrero provocó la entrada de un millón de metros cúbicos de agua salada, que días después fue devuelta a la ría tras anegar pastos, cuadras y construcciones habitadas. Unos días después de la inundación, los análisis de las almejas alcanzaron un nivel de contaminación de 16.000 ufc. Hay una coincidencia, de la que ya advertimos hace unos meses: los mayores incrementos de los índices de coliformes en almejas parecen producirse cuando un porreo se inunda.

Aunque no atribuimos estos aumentos de bacterias coliformes únicamente a dichas condiciones, el flujo recurrente de millones de metros cúbicos de agua cada seis horas, en áreas alteradas por actividades humanas, está induciendo cambios significativos en la calidad del agua de la ría. Las mareas, al pasar por estrechas aperturas en los diques, generan turbulencias y corrientes que arrastran grandes cantidades de tierra, residuos vegetales y espumas, erosionan el lecho y trasladan materiales en suspensión hacia la ría, contribuyendo a su sedimentación y colmatación.

La ría lleva demasiados años de decadencia y abandono que están mermando su sello de «calidad» y olvidando sus tradiciones. Algunos piensan que ser una Reserva Natural protege, lo que es cierto, pero también es verdad que hace ya muchos años que la degradación y la destrucción por abandono son mucho más patentes. Para comprobarlo, basta con dar una vuelta por cualquiera de las cárcavas que la configuraban: hace 15 años, una ría totalmente distinta.

¿Aguas limpias, almejas sucias? · Protejamos Nuestra Ría